Somos personas capaces de mostrar en un segundo toda una vida, pero ni en mil años seríamos capaces de comprenderla, ni de comprendernos.
Somos esa hoja caída del árbol que en cada suspiro viaja a la deriva de su brisa, dando tantos giros en el camino como sople nuestro sentimiento, mientras la necedad y marchitamiento ceden al exacerbado uso de razón. Cuando nos dominan los pensamientos somos tan férreos como nuestro carácter, y un corazón necesita de abrigo para vivir, no una caja fuerte donde encerrarse hasta encontrar un buen propietario para prestarlo en un beso.
Carecemos de objetividad en nuestros actos, pues de sueños vivimos y en ellos nos despertamos. Cada gesto en nuestro rostro será una mueca de satisfacción o de inconformismo con lo que habíamos imaginado y esperamos hacer realidad.
Cada palabra esconde un deseo, y gritamos demasiado… Quizás así creamos que se hará realidad, que, cuando hablamos con alguien, le estamos confesando algo. Pero cada persona tiene un lenguaje distinto… y vivimos en una torre de Babel donde todos somos incomprendidos.
Quizás sea en la vejez donde logremos saber expresarnos acertadamente, pero, por ahora, nos conformamos con miradas, besos, abrazos, impulsos, que no arrebata las palabras, sino que las transforma.
Somos personas capaces de mover montañas, y tan solo las destruimos porque tampoco nos guiamos por el sentimiento, sino por la nefasta ignorancia que es el orgullo, un capitán cuyas órdenes obedecemos sin rechistar, y dará igual que sepamos lo malo de nuestro orgullo, él manda y ante eso no podemos hacer nada, ¿no? Si a él le hieren, eso quiere decir que somos insignificantes, ¿no? Para qué preguntar si sabemos la respuesta…
El viento, que sopla en muchas direcciones, nos hace perder la perspectiva del camino, pero conservamos cierto instinto que nos hace recuperar el destino. Si somos capaces de tal hazaña, ¿quién necesita pensar tanto? Conseguiremos lo que nos propongamos haciendo lo que sentimos; estaremos viviendo un sueño eterno, pues en los sueños hay retazos de pesadilla; dejaremos el habla para los que han muerto en vida y se sienten vacíos, pues tenemos tanto para dar, que es mejor otorgar y dejar de decir tonterías. Dejemos la montaña en su lugar, pues debemos respetar lo que está hecho, y a nosotros no nos cuesta nada movernos un poco…
Somos personas, somos un universo lleno de magia, solo hace falta viajar un poco en un suspiro para conocerlo.

somos asi…