Retazos de una vida que se perdió en un suceso, transcurren en el recuerdo todos los días.
Solo la nostalgia me hace sentir más humano, ya que el latido resuena tan metálico en el alma, que su eco ensordece mis oídos.
Ya gemir es la única expresión que me permite el habla, pues el lenguaje no es suficientemente extenso para concretar las lágrimas en una frase, solo mostrarlas las hace visibles al sentimiento.
Solo mostrarlas me libera, pues aguardando dentro ya inundaron mi pecho, impidiéndome respirar la vida.
Siniestras voces gritan en el viento, frías caricias me recorren con la lluvia, atronadores gritos me hunden en la pena de las olas, la hoguera del sol es donde arde mi vanidad.
Mortales marionetas de la eternidad, danzantes muñecos de madera clavando sus astillas en el mundo, solemnes honores que desaparecen cuando la tentación los arrima a su vera.
Tempestades de acusaciones son las leyes no escritas que definen la moralidad, momentos de locura son las libertades que se permite la humanidad, la inocencia tan solo es expresada en el arte y cada vez menos, en las palabras.
El frío abrazo es lo más reconfortante que buscamos para acoger una vida; las manos, tan encallecidas que no pueden abrirse por el dolor de su trabajo, son las que deben recoger el alimento que llevarnos a nuestras bocas.
Los recuerdos de algo que profundamente nos marcó con dolor son los que llamamos experiencia, las heridas que en nuestra cara desgarran la sonrisa nos hacen ser más hombres.
Jamás fui lo bastante digno para poder cumplir nada de lo que se impone, y por ello dices que me quieres… ¡Si tan solo soy una puerta de escape a la autoridad de la grosería!
Son tus besos como palabras de agradecimiento al liberarte de la soledad, y yo me siento tan necio y humillado, que tan solo los puedo esquivar
